La importancia de la leche de continuación

importancia de la leche de continuación

Nadie duda de los beneficios de la lactancia materna, aunque cueste reconocer que no siempre es tan fácil como lo pintan. Yo fui de las que se empeñaron en dar el pecho y me rompí por dentro cuando vi que era imposible, que dar de mamar a dos bebés a la vez era durísimo. Entré entonces en el apasionante mundo de las leches de fórmula y aprendí de la importancia de la leche de continuación.

A trancas y barrancas pude combinar la lactancia con la leche de fórmula. A partir del tercer mes sólo con leche de fórmula, y a partir de los seis meses, leche de continuación. La leche de vaca no la incorporé hasta los 18 meses. ¿Por qué? El sistema digestivo del bebé, en sus primeros meses de vida, aún no está preparado para digerir leche de vaca norma, así que retardarlo un poco más no les iba a ir nada mal.

Las leches de continuación o  tipo 2 tienen una concentración mayor de proteínas y hierro, pero la diferencia es poco apreciable y puede compensarse muy bien con los alimentos sólidos que, a partir de los seis meses, los pediatras recomiendan introducir en la dieta del niño. Probé la leche de crecimiento o tipo 3 antes de introducir la leche de vaca, pero finalmente opté – por un tema económico – por la leche de vaca.

Los riesgos de la leche de vaca

Si existe un familiar directo con alergia a las proteínas de la leche de vaca, nuestro hijo también tiene un alto riesgo de padecerla. En estos casos, se aconseja retardar al máximo la incorporación de la leche de vaca, sino evitarla. Es importante entonces extremar las precauciones y utilizar leche de continuación.

Durante el segundo semestre de vida, cuando incorporamos los alimentos sólidos, como las galletas, hay que tener también muy en cuenta que incluyen proteínas de la leche. En los niños con este riesgo, se deben evitar hasta que el niño cumpla un año.

En general, para prevenir la alergia a las proteínas de la leche de vaca, el Comité de Nutrición de la AEP sugiere a las mujeres una dieta equilibrada y saludable durante el embarazo, sin excluir lácteos ni ningún otro alimento considerado alergénico, como pescado o huevos. Y, como en todos los casos, la lactancia materna siempre que sea posible.

La intolerancia a la lactosa, por su parte, es excepcional en los recién nacidos, y cuando aparece suele hacerlo a partir de los 3 años de edad, y sobre todo en la edad adulta. Por ello, salvo en esos casos poco frecuentes, no debería ser un factor a considerar al momento de comenzar a dar leche de vaca al niño.

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