Maite, madre soltera por FIV y donante anónimo

madre soltera por FIV y donante anónimo

En la mayoría de películas, la imagen que dan de una mujer soltera que quiere quedare embarazada es la de una mujer algo trastocada que busca desesperadamente donantes de esperma, como si estuviese decidiendo los ingredientes de una pizza: alto, con buenas notas, que le gusten los pepinillos…

La realidad, sin embargo es muy diferente. Por eso me he decidido a enviaros para que publiquéis también mi testimonio como madre soltera por FIV.

No se trata del esperma. No se trata del donante. Se trata del olor a bebé, de los pequeños deditos que cogen mi mano. Las preocupaciones de poder pagar la guardería o de si los plásticos y los van a acabar afectando a mi bebé. Se trata de maternidad, no de ningún odio hacia los hombres.

Quiero que la gente entienda porque muchas mujeres nos decidimos por una maternidad en solitario.

Siempre supe que seria madre. Solo necesitaba un poco de ayuda para conseguirlo. Y gracias a Dios, gracias a Dios, gracias a Dios y la ciencia, lo he conseguido.

Mi viaje hacia la maternidad empezó en el 2010, cuando vi una película, no recuerdo el título, en que la protagonista la opción de la maternidad como algo «demasiado tarde para ella».

Sin marido, sin pareja, sin hijos, pero con una abrumadora vida laboral. Me quedé reflexionando y llamé a mi madre: «¿Cuando crees que debería empezar a tener hijos»,  «cuando quieras», me contestó.

Fue la certeza de algo que ambas sabíamos: no me iba a casar, el tiempo corría en mi contra y quería ser madre.

A medida que pasaban los años, cada vez salía menos, quedaba menos con hombres, no me enamoraba, y llegó el terror de que quizás no seria madre. Terror es la palabra.  No me podia imaginar a los 45 años y sin hijos, y todavía haciendo las mismas cosa: cine, quedar con las amigas, una carrera laboral estupenda, viajar, leer, trails, carreras, vela.

Y a los 55, ningún hijo en la universidad, ningún nieto en camino, y a los 65, sola y a los 75 en casa con 6 gatos… Para mi, una vida maravillosa a los 30 es una vida en solitario a los 40, los 50, los 60 y los 70.

Tomé la decisión final en Navidades, cuando tenia 35 años.  Y en esos encuentros familiares, llenos de tíos, primos y sus bebés, me di cuenta que era la única que no era madre. Mis primos dando de comer a sus hijos, mis padres cuidando a sus padres. Yo era la única que no tenía a quién cuidar. La tia soltera de 35. Y cuando volví a mi apartamento de tia soltera, decidí que ese era el año de empezar a buscar un embarazo.

El camino hacia la maternidad en solitario

Descarté la adopción. Seguramente soy egoísta, pero quería criar un bebé, quería darle el pecho. Así que pedí cita con mi ginecólogo y se lo planteé.

Tras una eco y unas analíticas, me al especialista en reproducción asisstida.  Tenia endometriosis y antes de iniciar tratamiento alguno había que tratar el tema.

Dejé la pastilla anticonceptiva. Asistí a un par de encuentros en Barcelona del grupo Madres Solteras por Elección, donde conocí a algunas que estaban «en ello» y a otras que ya eran madres. También perdí algo de peso e intenté por última vez conocer a «alguien».  Fue un desastre. Acabe con citas con hombres, la mayoría todavía casados o en pareja, que odiaban su trabajo, que estaban deprimidos, o que eran demasiado infantiles. Así que continué soltera y sin pareja.

A los 36 hice mi primera inseminación artificial. Todas mis amigas lo sabían. Mis padres también.

Cuando inicias un primer tratamiento de reproducción asistida, entras en un camino que te absorbe y que domina las 24 horas del día. Con cada beta negativa, crecía mi preocupación.

Tras tres intentos, el ginecólogo empezó ha hablarme de una FIV. Pero lo quise intentarlo otras tres inseminaciones más. No quería pensar en una fecundación in vitro y todo el proceso médico que implicaba. Pero finalmente claudiqué.

Eso fue hace tres años. Hoy soy la madre de una niña de 2 años que se llama como mi madre, quien me acompañó durante el parto.

Vuelvo a vivir en mi barrio, cerca de mis padres y soy más feliz de lo que jamás hubiera imaginado.

Mis tardes se llenan de paseos con el cochecito, y de charlas en los bancos del parque. Me he unido al club de  «las madres». Una más de esas mujeres que se preocupan demasiado de los temas de crianza y que tienen nulo interés por nada que no tenga que ver con bebés y pañales, y crianza eco-saludable.

No he vuelto a ver una película hasta el final desde que nació mi hija.

Mi carrera laboral todavía es importante, es la que paga las facturas. Me preocupa un poco mi promoción laboral, pero ya no es como antes. Tengo que reconocer que la empresa ya no es una prioridad, ahora lo es mi hija, al menos mientras dependa tanto de mi.

Ahora me doy cuenta que ser madre soltera no era el plan B, si no encontraba al principe azul. Era el plan perfecto para mi. Me gusta tener el control, tomar todas las decisiones, con la responsabilidad y las dudas que ello implica.

Me gusta ser la única que le lee un cuento y le da el beso de buenas noches.

Me abruma que alguien me pueda querer tanto y tan incondicionalmente como me quiere ella. Mis amigas me reconocen que no quieren a su pareja tanto como quieren a sus hijos.

Sus primeros meses con el bebé están llenos de discusiones y esfuerzos por mantener una equidad en la crianza. Una parte que me he ahorrado.

Y como sé que mi hija se merece algo más que mi amor y mi atención, decidí hacer una nueva FIV con los óvulos que había preservado. Hace 5 semanas que vuelvo a estar embarazada.

Me alegro de haber decidido  congelar mis óvulos tras el primer embarazo. La verdad es que estaba al límite recomendable, y fue una buena decisión. Además, también decidí reservar las muestras del mismo donante, y ambos bebés serán genéticamente completamente hermanos/as.

No me arrepiento. Me alegro de haber perseguido una gran carrera y me divertí mucho haciéndolo. Me alegro de haber viajado y ligado mucho entre los 20 y los 30 años. Y me alegro de vivir en un momento en que convertirse en una madre soltera por elección (MSPE) no solo es posible, sino que también es relativamente fácil.

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